El yugo de la esclavitud y las insignias de la ONU
Ausentes de los deberes que les compete cumplir, entre ellos: (a) asumir el compromiso de mantener la paz y la seguridad internacional, (b) fomentar entre las naciones relaciones de amistad y promover el progreso social, (c) trabajar por un mejor nivel de vida, (d) proteger los Derechos Humanos, esta organización internacional, fundada en 1945, por 51 paÃses, luego de la Segunda Guerra Mundial, sólo fundamenta sus insignias en propuestas indeseables hacia sus afiliados sin analizar las consecuencias.
La resultante de todo este engranaje de propuestas fuera de contexto, por parte de una organización que “ni lava, ni presta la batea”, tienen su asidero legal en otorgarles méritos a sus paÃses afiliados, principalmente República Dominicana, para que se haga cargo de los haitianos que durante décadas han estado en conflictos, mientras Estados Unidos, Francia, España, Brasil y otros paÃses le sacan provecho bajo el yugo de la esclavitud y las insignias de la pobreza extrema que viven los haitianos.
La defensa de la ONU en favor de la nación más pobre de occidente, la cual hoy dÃa enfrenta un perÃodo de revueltas masivas, actos vandálicos, invasiones, atracos, asaltos y amenazas para mancillar la independencia de República Dominicana, no solo están fundamentadas en los haitianos, sino también en esta organización internacional que en vez de favorecer a uno de sus paÃses miembros, pues le hace un gran daño.
Los haitianos, cada vez que surgen nuevos conflictos en la isla, avizoran la esperanza de que se puede lograr la democracia; sin embargo, esa estabilidad polÃtica que se aposenta entre los nacionales para enrumbarse por el sendero del desarrollo, se muestra cada vez más empañada debido a las contrapuestas, el oportunismo polÃtico y las indulgencias de la ONU ante un paÃs ataviado por la indigencia.
Las convulsiones manifiestas de los haitianos se remontan hasta después de la segunda mitad del siglo XX, comandada primero por Francois Duvalier (Papa Doc), luego por su hijo Jean Claude Duvalier (Baby Doc), o sea, ese perÃodo de 29 años de dictadura tuvo el beneficio de atrocidades impuestas por un régimen familiar que asesinó más 60 mil personas bajo la represión de grupos parapoliciales. ¿Somos culpables los dominicanos de estas muertes?
El régimen rudimentario de todos los gobiernos presididos por los haitianos no tiene forma de recomponerse porque sus afiliaciones no están dirigidas a sostener diálogos para buscar soluciones a la crisis que los embarga. Las lides de sus esfuerzos siempre han tenido como respuesta los hechos de violencia, no vayamos tan lejos, en los años 90 y 2000 se presumÃa el regreso de la democracia al paÃs; sin embargo, con presunción mediática volvieron la rebeldÃa y los estallidos sociales hasta provocar un golpe de estado. ¡Entonces! ¿Somos los dominicanos culpables de los desafectos entre ellos mismos?
Un terremoto ocurrido el 12 de enero del 2012 en HaitÃ, también fue la catapulta de la inestabilidad polÃtica, dejando en sus simientes más de 200 mil muertos para lo cual nuestro paÃs hizo grandes aportes en dinero, alimentos, medicina, vestimentas y otros implementos que fueron desaparecidos por los polÃticos corruptos de HaitÃ. ¿Cuál fue la respuesta de la ONU?, pues ninguna.
En un paÃs de pandilleros no es posible lograr la democracia participativa. Los dominicanos (as) debemos hacer nuestra la posición nacionalista del presidente Luis Abinader de: “no parar las deportaciones hacia HaitÃ, ni autorizar campos de refugiados”. Las bandas criminales controlan gran parte de ese paÃs, por tanto, no podemos acogerlos para que auspicien el caos aquÃ.


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